La vida en cajas

La vida en cajas

Ya van varias veces, que me detengo un segundo antes de iniciar la mudanza y veo mi vida en cajas. En esa caja va mi ropa, en aquella otra, la de mi hija. En esta de acá las cortinas y en la de allá los adornos. Todo cabe entre bolsas y cajas.

¿Todo cabe? No, muchas veces no, muchas veces todo lo que nos lleva a ese punto, se quedó en el alma, se lleva en el corazón.

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Una mudanza implica un cambio drástico, que no es tan fácil como cambiar la ropa de clóset. En los sitios donde vivimos, dejamos parte de nosotros. En ellos vivimos penas y alegrías, risas y tristezas.

Cuando empezamos a alistar las cosas, movemos todo y eso no solo involucra lámparas y zapatos, se mueven historias, recuerdos…

En aquel rincón donde estaba el sillón, hay mil domingos de risas y bailes. En el desayunador ¡tantas conversaciones ! En aquel cuarto lo compartimos todo. En la sala nos hicimos mil promesas.

Nos mudamos de la casa de nuestros padres, para iniciar una vida de independencia o una en pareja. Sea cual sea el objetivo, la idea siempre es para estar mejor. Dejar la casa paterna duele ¡Y MUCHO!

Recuerdo que abandonar ese sitio me costó, no sabía como vivir sin el árbol de cas del patio que tantas veces me vio pasar en mi infancia y adolescencia. Ese árbol que amaba con locura porque representaba el hogar familiar. Igual, metí todo en bolsas y me fui a la casa que compré con mi marido cuando nos casamos.

De esa casa matrimonial salí huyendo años después, con todo en bolsas, desesperada por libertad. De nuevo fue duro, ¡HORRIBLE! nunca imaginé un final así, pero en mi corazón sabía que estaba haciendo lo correcto.

Varios años han pasado de eso y varias mudanzas más han sucedido, siempre son duras, siempre nos cambian, nos marcan, nos arrancan un poco de lo que fuimos y nos traen incertidumbre.

Meter la vida en bolsas no es posible, metemos chunches, pero la vida se nos va quedando en algunos sitios y sabemos que también iniciará de nuevo en otros.

En mi última mudanza, me detuve en medio del caos y cuando ya habían sacado todo, me fui cuarto por cuarto y mientras barría, agradecía por todo lo ahí vivido.

Así es, así funciona, estamos en constante evolución, lo que nunca se nos puede quedar en el sitio que dejamos ¡ES LA ESPERANZA! 


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