¡Qué nadie te diga!

¡Qué nadie te diga!

Cuando pasamos por una situación dolorosa, todo el mundo se aparece con consejos u comentarios. Nunca falta el que cree que ya fue suficiente y que tenés que recuperarte porque él lo hizo en menor tiempo. He estado dándole vueltas al asunto y he decidido que:

Que nadie te diga cómo tenés que sentirte, cómo tenés que reaccionar, o si está bien o no, lo que estás decidiendo.

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Que nadie pretenda haber pasado por tu camino antes que vos, ni estar en tus zapatos cuando están doliendo y cuando se hace difícil, tan solo, poner un pie delante del otro para mantenerte en equilibrio.

Que nadie quiera calificar cómo lo estás haciendo, mientras estás descubriendo tu propio camino y encontrando tu propia voz.

Que nadie quiera teñir tus pensamientos con sus tintes, porque al final, los tintes de cada quien son justamente los colores de su historia y las historias son personales. Nadie más que vos puede pintar la tuya.

Que nadie intente ser la voz en tu cabeza, ni quedarse por ahí, rondando con sus miedos y sus  inseguridades. La verdad es que cada quien enfrenta la vida de la mejor manera que puede, con las herramientas que tiene, y ya es suficiente con los retos de tu propia canasta.

Que nadie se atreva a creer que sabe mejor que vos cómo te sentís ahí adentro, donde nadie más puede ver ni tocar lo que realmente hay y lo que está pasando.

Que nadie se equivoque con vos. No es que te volviste tonta, es que ahora sabés escoger mejor. Ya llegaste a ese punto donde tu paz no tiene precio y donde cualquier batalla que no tenga que ver con tu espíritu se volvió irrelevante. 

Que nadie piense que no tenés criterio porque no lo pregonás a gritos o porque no luchás para oírte más alto que los demás. Cuando se pierde el miedo y se abraza la verdad personal, no hace falta el gasto de energía.

Que nadie se sorprenda si no seguís siendo la misma de hace 5 o 10 años, tampoco la de ayer o la de hoy por la mañana, que la vida cambia en un segundo y si estás viva tenés que cambiar con ella. Hasta lo inerte cambia, se pudre y deja de existir. Tené cuidado de no apagarte vos.

Que nadie se incomode porque ya no calzás en el patrón al que todos estaban acostumbrados y porque ya no te acomodás a las expectativas de los demás. 

El tiempo sabe moldear sus esculturas y te va a ir haciendo cambiar conforme tu alma lo vaya necesitando. Si cambiás, que sea por vos, no por nadie más.

Que ya no seas la misma no significa que no amés igual a los demás, más bien ahora sabés como amarlos mejor, porque finalmente te aprendiste a amar primero vos. AMÉN.

 


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