Mendigos de amor

Mendigos de amor

Somos mendigos de amor desde que nacemos. Lloramos para que nos alcen, para que nos alimenten o nos ponga un poco de atención.

Ya cuando crecemos un poco, volvemos a llorar cuando todo el mundo anda en otras y ¿nosotros qué? Somos niños llorones en busca de miradas, de cariño, de un ¿cómo te fue hoy en la escuela?

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Nos convertimos en adultos bajo esas circunstancias, esperando que alguien se preocupe por nuestro bienestar, por como amanecimos, por cómo estuvo el día.

Un día cualquiera, encontramos a alguien que se interesa por eso, y entonces nosotros también nos preocupamos por él.

¿Cómo dormiste? ¿Cómo te fue en la reunión? ¿terminaste lo que querías? ¿estuvo rico el almuerzo? ¿llevaste el sweater? ¡¡¡ASÍ VIVIMOS!!! ¡¡ASÍ NOS PREGUNTAN!!

Ese día, que nos descubrimos llenos de preguntas y de respuestas por cosas cotidianas, nos sentimos plenos, dejamos de estar solos ¡LE IMPORTAMOS A ALGUIEN!

Ayyyyy qué pecadito, porque cualquier día, esas preguntas son más distanciadas, puede ser que haya pasado solo un mes desde que iniciara el interrogatorio, un año, o igual diez años ¡un día cualquiera ya no hay un buenas noches! un día cualquiera, sentimos que el interés se apagó.

¿Y qué hacemos? ahí está la gran pregunta ¿QUÉ HACEMOS?

¿ Y saben qué solemos hacer? ¡¡¡MENDIGAR AMOR!!! ¿Puede haber algo más triste?

Yo creo que tod@s hemos sigo mendigos de amor en algún momento, porque en el fondo uno siempre tiene la esperanza de volver a esos primeros días donde la pasión y la esperanza brotaban a chorros.

¿Qué pasó con eso?

Decir que todo se acaba, es falso. Hay relaciones eternas y maravillosas que trascienden el tiempo, puede decir que solo las he visto en las películas, pero de fijo hay en la vida real.

Mendigar amor es triste, y le pasa a cualquiera. Un día de estos conversaba con una chica maravillosa de la tv, de esas que uno dice:  ¡Ella puede estar con quien quiera! y me contó que le andaba mendigando amor a su nuevo novio.

Somos mendigos de amor, tantas veces, que ni cuenta nos damos. Fácil llegamos al día antes de la boda, con la cabeza llena de cosas por hacer, pensando si el novio  se compró los zapatos ¡LO ÚNICO QUE LE TOCABA HACER! Llegamos a ese punto, sintiendo que él va como obligado.

Ser un mendigo de amor le pasa a cualquiera, quitarse la venda de los ojos y obligarse a dejar de serlo ¡URGE!


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