#YOCONFIESO ¡He sido CELOSA!

#YOCONFIESO ¡He sido CELOSA!

Debo reconocer que he probado del amargo sabor de los celos, principalmente cuando era más joven.

Los celos no nos dejan dormir, nos dañan cada momento, la mente nos puede llevar a sitios espantosos donde no hay luz.

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Por celos, tengo historias que ahora me dan risa, pero que en el momento fueron dignas de capítulo de telenovela.

Tuve un casi novio, que era especialista en sacarme las canas. Le digo casi novio, porque luego de 8 años en ir y venir, nunca logramos ponernos de acuerdo en serlo. Cuando él quería, yo no y al revés. En lo que sí nos pudimos poner de acuerdo, fue en firmar un pacto que luego enterramos en el campus universitario.

Dicho pacto, ya no lo tengo muy claro, pero de fijo involucraba sentirse dueño del otro aunque no estuviéramos juntos.

Debe haber sido así, porque si no ¿cómo hacíamos para soportar los berrinches y arranques de celos públicos que nos hacíamos uno al otro sin ser nada?

Una noche estaba yo absolutamente apretada con un muchacho en una disco, cuando se aparece el susodicho loco y me jala por el brazo. Me lleva afuera y me dice que eso no lo va a aguantar. Nos morimos de risa y continuamos el beso, pero entre nosotros. A la semana siguiente, fui yo la que lo encontré a él y le apliqué la misma medicina. Se nos hizo costumbre dañarnos, era un juego, un juego muy doloroso.

Ud me hace, yo le hago. Ud me hecha a perder una relación, yo se lo hago también. Ud me ofende al no respetarme, ahora va a ver de lo que soy capaz yo.

El juego se acabó cuando un día me pidió que fuera su novia y le dije que NO. Al día siguiente me arrepentí y lo fui a buscar al trabajo, ¡hasta almuerzo le llevaba!

Lo encontré en un carro apretado con una chica, les tiré el almuerzo en la cara y juré olvidarme de él. Nos arruinamos un poco más la vida, pero por mail, porque se fue a vivir a USA y cada uno hizo su vida.

Después de esa experiencia, decidí que lo mío no eran los hombres que me hicieran sufrir. Cambié el perfil por completo y me busqué uno que solo tuviera ojos para mi. Así hizo y me ahogó con demasiada atención.

En el camino tuve otras experiencias que me hicieron volver a probar del sabor de los celos. Yo que ya sabía a donde me podía llevar ese sentimiento, traté de no alimentarlos, pero claro que tuve recaídas.

Revisar celulares, meterme a cuentas de mail, sospechar de todas, odiarlas y odiarlo ¡FUE UN MARTIRIO!

Por mi salud, decidí que nunca más quería vivir así. Decidí apostarle a las relaciones sanas, a esas que nos hacen sentir mejor persona y no una cucaracha enferma.

Los celos pueden darse porque vivimos situaciones de abandono en nuestra niñez, por inseguridad, por la idea errónea del amor, por muchos factores que durante años hemos venido incubando y que se manifestarán de la peor manera en algún momento, arruinando todo lo que tocan.

Los celos no son un juego, ni tampoco debemos normalizarlos en las relaciones “El concepto de «amor como sacrificio» es totalmente insano y produce desequilibrios entre el “dar” y el “recibir”, de modo que tiene que haber libertad, respeto, confianza e independencia para que se trate de amor y no de posesión” dice la psicóloga Noelia Ballesteros.

Nuestra paz no tiene precio, la de la persona que está a nuestro lado tampoco. Construyamos relaciones sanas, donde ambos podamos crecer. Imagino que es normal que en la juventud cometamos todos esos errores, que con los años se traducen en aprendizaje.

Haber sido una loca celosa no es ningún orgullo, decir que entendí que NO era lo correcto y cambiar ¡SÍ LO ES!

¿Que sería lo que el pacto decía? Ni idea, ni quiero saber, no vaya a ser y vuelva la maldición.


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