Soy mamá primeriza.

Soy mamá primeriza.

A Valeza y Joaquín los conozco desde que eran novios ¡hace 50 mil años! Le pedí a Vale que me escribiera como se siente en este momento, cuando su bebé Lorenzo tiene apenas 7 semanas.

¿Recuerdan uds ese momento en la vida? Ese cuando mamá y bebé aún no se han dado cuenta que ya no viven en un mismo cuerpo.

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Leamos a Vale:

Mi nombre es Valeza, y desde hace siete semanas soy la mamá de Lorenzo.

Convertirme en mamá fue algo que me cuestioné y que decidí. Quise por mucho tiempo tener un hijo, pero nunca me imaginé lo que realmente sería.

Ser madre, en mi corta experiencia, es el cambio más radical que podré llegar a experimentar. De repente mi vida no es mía, porque estoy al servicio de un pequeñito que me necesita para todo 24/7, y por otro lado a mí poco me interesa cualquier cosa que no sea estar con mi bebé.

En ocasiones me hace falta mi vida previa, relajada, cuando podía ir al gimnasio, o al salón de belleza, cuando me sentaba con tranquilidad a trabajar en la computadora o me maquillaba sin prisa, en una época muy cercana donde mis actividades no dependían de las horas de sueño de otra persona. Me hace falta esa sensación de libertad, donde podía cambiar la agenda y salir corriendo a algún plan divertido sin planear una niñera.

Sin embargo, en este momento esas no son más que minucias sin importancia. Por nada cambiaría mi vida en este momento. Lorenzo vino a cambiarlo todo, y aunque ahora todo es más complicado es más especial. Desde que nació ha traído una explosión de amor que ha incidido mucho más lejos que lo que hubiera imaginado. Ha transformado nuestras vidas para siempre.

El mayor cambio que he sentido en este corto periodo ha sido el despertar de mi instinto materno. Nunca me sentí muy afín a los niños. De hecho, antes de Lorenzo nunca había tenido a un bebé en mis brazos sin la supervisión de un adulto responsable!

Mi primera vez cambiándole el pañal lo puse al revés, y aún sigo con muchas cosas por aprender. Sin embargo mi instinto nació con Lorenzo y no hay mayor preocupación en mi vida que protegerlo de cualquier cosa.

He llegado a hacer aquellas cosas que decía que “nunca haría” cuando veía a otras, como preferir viajar en el asiento de atrás en el carro para sostenerle la chupeta mientras se duerme. Me he visto como una “loca” que responde a esa sensación de protección por más irracional que pueda parecer, como desesperarme en un restaurante por querer irme porque ya tenemos dos horas de haber salido de la casa a pesar de que Lorenzo está placidamente dormido.

Ser mamá era algo más que anhelaba ser en mi vida, pero nunca me imaginé que al llegar a serlo iba a convertirse en la mayor prioridad de mi vida. Confío que con el tiempo podré retomar otras actividades y encontrar mayor paz en mi desempeño como madre, pero definitivamente nunca volveré a ser la misma. Lorenzo es el nuevo dueño de mi corazón y mi mayor ilusión ahora es compartir la vida con esa familia que hemos conformado Joaquín, él y yo.

Las aventuras de esta bella familia, la podes seguir en el blog de Vale, Tacones y Sazones.


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